Viernes, Agosto 7, 2020 - 09:00

El Caribe Colombiano fue clave para la independencia del país

Por: Moisés Pineda Salazar

El 7 de agosto de cada año, conmemoramos el día del Ejército y de la Bandera Nacional, en la misma fecha en la cual los ejércitos libertadores vencieron las armas españolas en los campos de Boyacá.

Una interpretación, con evidentes sesgos políticos, se convirtió en una Ley mediante la cual este Congreso definió, como una verdad histórica, que aquella había sido la batalla con la que se "selló la independencia de Colombia para siempre".

Es especulativo, y por fuera de cualquier discusión razonable, preguntarnos cuál hubiera sido su curso si los conductores de la guerra de liberación, hubieran tomado una decisión fundamentada en una visión geopolítica distinta a esa que privilegió el control sobre la Sabana de Bogotá y sus "caminos que van a ninguna parte".  

Santafé de Bogotá era un hecho incomprensible para los mismos Virreyes cuando de guerras, explotación de minerales y de control de rentas se trataba. 

Así lo vivieron Eslava, Guirior, Torrezar, Perez Brito, Montalvo y Sámano cuando tuvieron que lidiar con las contingencias bélicas y de alcabalas, debiendo hacerlo desde Cartagena, Riohacha, Chagres y Panamá. Y, ya en las agonías coloniales, desde Quito. 

En el Siglo XIX la modernidad estaba en el mar y no en las breñas. 

Las libertades de comercio, que movían las guerras de independencia, circulaban por los mares del mundo. ¿Será por eso, por negar esa visión, que España perdió el continente y que, por haber ajustado su estrategia a esa realidad marinera, tardó tanto tiempo en abandonar Cuba y las Antillas? 

¿Cómo hubieran sido las guerras de nuestras Independencias  si ellas se hubieran planteado  desde las Costas Caribeñas y hacia el Centro del virreinato buscando el copamiento y el aislamiento del enemigo para forzar su rendición? 

¿Cómo hubieran sido la secuencia de los hechos y la narrativa de una historia oficial si la guerra  no se hubiera hecho desde el Centro Simbólico y Político de Santafe hacia las costas,  en una estrategia de expulsión?

Vana ilusión. La guerra se hizo de otra manera. 

Y, quizás por eso, se haya recurrido a contar la historia  de nuestras Independencias obviando explicaciones acerca de por qué, solo tres (3) años después, siguiendo los protocolos militares, salió el último contingente de soldados españoles del territorio colombiano el día 10 de Octubre de ese año de 1821, entre las 4 y las 6 de la tarde, cumpliendo lo convenido en el armisticio y en el tratado de regularización de ĺa guerra  que habían suscrito Simón Bolívar y Pablo Morillo en Ciudad Trujillo el 26 de Noviembre de 1820.

Ese día, bajo el tricolor nacional, salió el último soldado español del territorio colombiano. Tricolor que algunos historiadores estiman que debió ser el verde, rojo y amarillo de la primigenia Bandera Nacional de las Provincias Unidas que cobijó a la Ciudad de Cartagena y a la Marina Nacional desde 1813.

"El 10 a las ocho de la mañana entraron cuatrocientos hombres del batallón Girardot a la plaza de la Catedral, donde el Mayor de la Plaza de los españoles asociado del ayudante Osse, nombró guardias de la Plaza y se repartió la parada.

De esa manera se relevaron las tropas españolas que estaban de servicio, todo con el mejor orden. A las doce del día se entregó el Cerro de San Felipe, que lo ocuoaron doscientos hombres del batallón Antioquia con su correspondiente piquete de artillería; una vez entregado el Cerro se bajó el pabellón español y se enarboló el pabellón tricolor, con el saludo de ordenanza, de una salva y veinte y un tiros.

Entre cuatro y cinco de la tarde, que ya estaba abordo toda la guarnición española, se embarcó en la falúa el Gobernador Torres, con su Estado Mayor, y al pasar por delante de las fuerzas colombianas, estas lo saludaron con la salva de veinte y un tiros, y al llegar a los buques que debían conducirlos a La Habana, que eran Colombianos, se le hizo igual saludo, todo esto tuvo lugar sin el más mínimo desorden ni el más pequeño insulto.

Como se sabe, la guarnición salió con los honores de la guerra, es decir, la tropa con su armamento y fornituras; los Oficiales con sus espadas y equipajes" 

Si la Independencia estaba sellada el 7 de Agosto de 1819, ¿por qué Bolívar y Morillo catorce meses después firmaron un armisticio y un tratado de regularización de la guerra- antecedente del Protocolo II que tanto incomoda a algunos sectores políticos en Colombia- en el mes de  Noviembre de 1820?

Si la del Puente de Boyacá había hecho irreversible la Independencia, ¿a qué vino aquel Armisticio y Tratado de Trujillo  de Noviembre de 1820 para poner fin a la declaratoria de Guerra a Muerte de 1813, en la que las tropas patriotas y españolas se igualaron en la práctica de la barbarie que traía consigo la orden de no tomar prisioneros ni cargar con heridos; la de quemar plantaciones e incendiar poblados y la de pasar por las armas a los colaboradores y simpatizantes con el enemigo?

Sin la toma de Sabanalarga, a finales de Junio de 1820, ¿ cómo explicar el evento del 10 de Octubre de 1821? En Sabanalarga  el General Mariano Montilla puso en fuga a 400 soldados españoles que huyeron a refugiarse detrás de las murallas cartageneras, por lo que él mismo pudo sentar reales en Turbaco para impedir los aprovisionamientos realistas desde las sabanas de Corozal.

A pesar de su importancia, nadie habla de esa acción militar en Sabanalarga, territorio del hoy Departamento del Atlántico. La circunstancias de cercanías entre Mariano Montilla y Simón Bolívar, a quien Montilla acompañó hasta su lecho de muerte , ¿sería razón  santanderista para eclipsar su memoria, ocultando sus glorias militares? 

¿Cómo explicar la expulsión de los realistas de Sabanalarga si antes no se hubieran dado los hechos de Sabanilla (Puerto Colombia), Barranquilla y Soledad, cuando el día 11 de junio de 1820, el Almirante Brion, ¿el General Mariano Montilla y José Prudencio Padilla coparon la Bateria de San Antonio- hoy llamado Castillo de Salgar- defendida por 20 milicianos españoles y cuatro cañones? 

De esta manera, se aseguró el acceso al Río Magdalena desde el mar por parte de las propias tropas, armas y avituallamientos necesarios para el sostenimiento de la guerra. 

Sin embargo, nadie habla de Sabanilla ni de lo que tal acción militar aportó a la estrategia militar, de tierra y agua, que hizo posible la Independencia Definitiva de Colombia.

Sin lugar a duda que sin la toma de la Batería de San Antonio en Sabanilla (Corregimiento de Puerto Colombia), no hubieran sido posibles la subsiquiente liberación de Barranquilla y la expulsión de los españoles de Soledad . 

En Barranquilla se instaló el primer Gobierno Republicano en la Provincia de Cartagena que, en aquel momento, era la sede del Gobierno Español. 

En Soledad se estableció el Puesto de Avanzada de los ejércitos patriotas y se avanzó hacia Tenerife que se la toma Hermogenes Maza dos semanas después el 25 de Junio. Sin embargo, de estas INDEPENDENCIAS, no se habla. 

De sus BICENTENARIOS, pocos saben en Colombia. 

Para la Historia Patria, no existieron. No existimos.

¿cómo es posible que se hayan acallado en la narrativa de nuestra independencia, aquellos hechos que en el Caribe, hicieron posible que el último soldado español abandonara nuestro país, gallardamente transportado en una nave colombiana, bajo la bandera nacional? Comportamiento decoroso, acto de honor y gesto civilizado de los cuales debieran aprender los que aún creen que la única forma de ganar en una confrontación es matando al contradictor. 

Mire Usted, Señor Presidente, y dígame ¿qué sabemos los Colombianos acerca de una Batalla como la de San Juan de la Ciénaga, que siguió a la toma de Sabanilla y que se libró el 10 de Noviembre de 1820 en la que participaron 2.000 patriotas contra 2.500 realistas?

Una batalla donde concurrieron  fuerzas de infanteria, de caballería y de hombres de mar. Un hecho de guerra que EN SU COMPLEJIDAD MILITAR, sin duda alguna fue mucho más que los hechos y la estrategia desplegada en La Batalla de Boyacá donde el número de tropas de infanteria y caballería fueron similares. 

Sin embargo 100 muertos, 150 heridos y 1.600 prisioneros españoles en Boyacá, ceden ante los 600 muertos, los 257 heridos, los 800 prisioneros, los 800 fusiles y los 5 buques de guerra que con su artillería y municiones, fueron capturados en la Batalla de San Juan de La Ciénaga.

Sin embargo, del Bicentenario de la Batalla de San Juan de la  Ciénaga y lo que ella significó para la liberación de Santa Marta y del resto de la Costa Caribe que, para principios de 1820 estaba bajo el control de los monárquicos españoles, no se habla. Nada se conmemora. 

Es como si nunca hubieran existido tales gestas heroicas en las que José Prudencio Padilla, Luis Brion, Mariano Montilla, Hermogenes Maza, Josè María Carreño y Josè María Córdova se bañaron de gloria. 

A pesar de la evidencia histórica, se persiste en sostener la narrativa de una Batalla de Boyacá, como el evento militar definitivo y esencial para nuestra Independencia. Una afirmación que solo puede explicarse y atenderse como cierta a partir de la CONVENIENCIA POLÍTICA que ha impuesto una "Historia Oficial" en la que se han borrado de la memoria colectiva los hechos de 1820 y 1821 como los VERDADEROS y DEFINITIVOS en la Independencia de Colombia.

Es como si Riohacha y la Batalla de Laguna Salada del 25 de mayo de 1820, con tropas de mar y tierra, nunca hubieran existido.

Tal parece que el Mar Caribe y los Río Magdalena, Ranchería, Cauca y Sinú, nunca existieron para configurar la Independencia Definitiva de Colombia. 

¿Quizás porque en estas gestas caribeñas no estuvieron ni Bolívar ni Santander, los puntos focales de nuestra histórica polarización política? 

No es descabellado pensar que, por eso Riohacha, Sabanilla, Barranquilla,  Soledad, Sabanalarga, Turbaco, Tenerife, San Juan de la Ciénaga, Santa Marta, Corozal, Cospique, Lorica y Cartagena, como puntos de una geografía compleja en los que se entrecruzan ríos, caños, ciénagas y mar con sabanas y elevaciones de tierra,  debieron ceder su lugar e importancia ante una Colombia Andina cuyas elites políticas se inventaron una historia en la que un arroyuelo y un puente, donde no caben dos carretas tiradas por bueyes, invisibilizaron la inmensidad del Caribe, los ríos que en él desembocan y el mundo con el que los conecta a consecuencia de su Libertad.

O, es mentira que solo después de todos estos hechos, a comienzos de 1822, es cuando el último de los Virreyes, Don Juan De la Cruz Mourgeon, residente en Quito a donde había llegado un año antes viniendo desde Chagres,  le escribió a Bolívar una carta en la que reconoce el fracaso de la empresa militar española para reconquistar sus antiguas colonias? 

Entonces, pregunto: ¿no fue en el Caribe (Riohacha, Sabanilla, Barranquilla, Soledad, Sabanalarga, Turbaco, Tenerife, San Juan de la Ciénaga, Santa Marta, Corozal, Cospique, ¿Lorica y Cartagena) donde La Nueva Granada ganó su independencia definitiva de España?

En consecuencia, no es un despropósito afirmar que lo que solo fue una posibilidad en Boyacá, se convirtió en una realidad política y militar porque los caribeños fuimos capaces de construirla.

 

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